Colombia:
un boceto para un retrato (resumen de un país)
Parodiando a Héctor Abad Faciolince
Colombia es un país agobiado
por las tragedias, el desempleo, la violencia y todos los demás problemas
sociales que le estigmatizan y los cuales, los medios de comunicación masiva
procuran mantener vivos para poder seguir alimentando un alma de un pueblo que
lo único que ha aprendido a reconocer en sus vidas son estas desconsoladas situaciones
para sí mismos, para sus familias, amigos o personas cercanas. Pero a pesar de todo en los rostros de muchos
puede delinearse una paz, serenidad y tranquilidad dada por todos los años que
tienen o que les falta, por una felicidad que les embarga y muchos no
entienden, una felicidad que nos hizo merecedores de títulos como el ser uno de
los países más felices del mundo. Pero,
cuando la cotidianidad se vuelve monótona y parte de nuestras vidas, no queda
otra cosa que seguir viviendo. El
Carnaval de Barranquilla al norte del país, el de los Blancos y Negros al sur,
la Feria de Cali o el Festival de la Salsa en el Valle del Cauca, son muestras
de cómo los colombianos pueden hacer de lado esta cruda realidad y dejar
espacio para el gozo, el jolgorio y la diversión, para el sancocho, el cuy, el
ajiaco, la mojarra, el chontaduro, el mote y muchas delicias más.
Y en esta tierra que no
somos ni negros, ni blancos, ni mulatos, ni mestizos, ni indios sino que
representamos una mezcla en la que unos tienen más de un color de piel que
otro, en donde unos son de tez blanca y el pelo ensortijado, otros de tez negra
y cabello rubio y lacio, donde los ojos claros no tienen preferencia por el
color de piel, donde nos enseñan a amar nuestras raíces y gozamos de los
tambores, las marimbas y el grito negrero, donde cada año muchos llegan a festejar
el Petronio Álvarez, a encontrarse con sus raíces y a recordar que esa
percusión que nos retumba en el corazón lo hace porque corre por nuestras
venas, es en estas tierras donde el ser colombiano se llena de orgullo al ver
hazañas como las de nuestra Selección en el pasado mundial, donde vibramos
todos como un solo país y gritamos, sufrimos y lloramos como una sola alma. Es en este país donde nos enorgullece Carlos
Vives, Shakira y Juanes, es a esto que llaman despectivamente “cultura
populista” y a lo mejor no entienden que pueden ser que por ella el pueblo
puede seguir adelante a pesar de todos sus males, que son estas pequeñas cosas
que aprende a reconocer como suyas y sobresalientes las que lo mantienen
aferrados a estas tierras. Las que en la
tragedia es capaz de entregar su vida por un compatriota, la que hace que los
soldados se internen en las selvas amazónicas a luchar con las FARC para
preservar la soberanía. Este grupo que
actualmente con el Presidente Juan Manuel Santos está en diálogos de Paz,
tantos diálogos y todavía el pueblo no pierde la esperanza cada vez que empieza
uno nuevo.
Un país que a tropiezos a
tratado de superar la pobreza, estableciendo metodologías para ayudar a los más
pobres como es el caso del censo del Sisben, el cual ofrece subsidios
representados en una cuota periódica para subsanar un poco su situación, donde
se ofrecen casas gratis, útiles escolares, becas universitarias que pueden
incluir sostenimiento, subsidios a tasas de interés para compra de vivienda y
hasta para la cuota inicial, cobertura en salud. Es mediante estas modalidades que muchos
colombianos han logrado hacerse a una vivienda, claro está que muchos dirán que
la corrupción política, que más es lo que roban, que los impuestos no sirven,
pero conozco muchos casos de fuentes primarias que gracias a estas iniciativas
políticas han logrado a hacerse a una vivienda, ver a sus hijos cursando
estudios superiores, recibiendo una mensualidad para completar para un
arriendo, unos servicios o comprar una remesita.
Somos un país que nos
maravillamos de los cambios que tiene nuestra lengua a tan solo unos
kilómetros, de la forma en que nombramos las cosas, como podemos llamar pericos
a un café y a unos huevos revueltos, bolis y sandis, chanclas, pantuflas,
arrastraderas.
Somos un país que podría
llamarse un buen vividero, donde nuestro paseo de fin de semana no es ir de
compras al centro comercial sino ir a visitar nuestros abuelos y familiares, es
ir a comer un helado en familia, asistir a un parque para ver pasar la gente,
llevar una olla al río e invitar a todos los que se arrimen a saborear un
delicioso sancocho en leña.
Somos 44 millones de
habitantes que aprendimos a vivir con lo que la vida nos dio, aprendimos a
sobrellevar los infortunios y a sacarle gusto a las cosas insignificante. Somos colombianos porque nos consideramos
privilegiados porque poseemos una gran cantidad de ríos, dos hermosas costas,
nevados, llanuras, desiertos y una gran biodiversidad y aunque reconocemos que
la industria o el “ser humano” está acabando con ellos, no perdemos la
esperanza de que algún día se tome conciencia y aprendamos a vivir como lo
hacían nuestros antepasados en comunión con la naturaleza, glorificándola y
respetando la madre Tierra, porque al fin de cuenta es ella la que nos provee
cuanto necesitamos, es de ella que brotan los ríos y las plantas, se le da
albergue a los animales y construimos nuestro techo.
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