lunes, 25 de mayo de 2015

Fernando Salas: "Colombia: Bocetos para un retrato"



Colombia: un boceto para un retrato (resumen de un país)

Parodiando a Héctor Abad Faciolince

Colombia es un país agobiado por las tragedias, el desempleo, la violencia y todos los demás problemas sociales que le estigmatizan y los cuales, los medios de comunicación masiva procuran mantener vivos para poder seguir alimentando un alma de un pueblo que lo único que ha aprendido a reconocer en sus vidas son estas desconsoladas situaciones para sí mismos, para sus familias, amigos o personas cercanas.  Pero a pesar de todo en los rostros de muchos puede delinearse una paz, serenidad y tranquilidad dada por todos los años que tienen o que les falta, por una felicidad que les embarga y muchos no entienden, una felicidad que nos hizo merecedores de títulos como el ser uno de los países más felices del mundo.  Pero, cuando la cotidianidad se vuelve monótona y parte de nuestras vidas, no queda otra cosa que seguir viviendo.  El Carnaval de Barranquilla al norte del país, el de los Blancos y Negros al sur, la Feria de Cali o el Festival de la Salsa en el Valle del Cauca, son muestras de cómo los colombianos pueden hacer de lado esta cruda realidad y dejar espacio para el gozo, el jolgorio y la diversión, para el sancocho, el cuy, el ajiaco, la mojarra, el chontaduro, el mote y muchas delicias más.  

Y en esta tierra que no somos ni negros, ni blancos, ni mulatos, ni mestizos, ni indios sino que representamos una mezcla en la que unos tienen más de un color de piel que otro, en donde unos son de tez blanca y el pelo ensortijado, otros de tez negra y cabello rubio y lacio, donde los ojos claros no tienen preferencia por el color de piel, donde nos enseñan a amar nuestras raíces y gozamos de los tambores, las marimbas y el grito negrero, donde cada año muchos llegan a festejar el Petronio Álvarez, a encontrarse con sus raíces y a recordar que esa percusión que nos retumba en el corazón lo hace porque corre por nuestras venas, es en estas tierras donde el ser colombiano se llena de orgullo al ver hazañas como las de nuestra Selección en el pasado mundial, donde vibramos todos como un solo país y gritamos, sufrimos y lloramos como una sola alma.  Es en este país donde nos enorgullece Carlos Vives, Shakira y Juanes, es a esto que llaman despectivamente “cultura populista” y a lo mejor no entienden que pueden ser que por ella el pueblo puede seguir adelante a pesar de todos sus males, que son estas pequeñas cosas que aprende a reconocer como suyas y sobresalientes las que lo mantienen aferrados a estas tierras.  Las que en la tragedia es capaz de entregar su vida por un compatriota, la que hace que los soldados se internen en las selvas amazónicas a luchar con las FARC para preservar la soberanía.  Este grupo que actualmente con el Presidente Juan Manuel Santos está en diálogos de Paz, tantos diálogos y todavía el pueblo no pierde la esperanza cada vez que empieza uno nuevo. 

Un país que a tropiezos a tratado de superar la pobreza, estableciendo metodologías para ayudar a los más pobres como es el caso del censo del Sisben, el cual ofrece subsidios representados en una cuota periódica para subsanar un poco su situación, donde se ofrecen casas gratis, útiles escolares, becas universitarias que pueden incluir sostenimiento, subsidios a tasas de interés para compra de vivienda y hasta para la cuota inicial, cobertura en salud.  Es mediante estas modalidades que muchos colombianos han logrado hacerse a una vivienda, claro está que muchos dirán que la corrupción política, que más es lo que roban, que los impuestos no sirven, pero conozco muchos casos de fuentes primarias que gracias a estas iniciativas políticas han logrado a hacerse a una vivienda, ver a sus hijos cursando estudios superiores, recibiendo una mensualidad para completar para un arriendo, unos servicios o comprar una remesita. 

Somos un país que nos maravillamos de los cambios que tiene nuestra lengua a tan solo unos kilómetros, de la forma en que nombramos las cosas, como podemos llamar pericos a un café y a unos huevos revueltos, bolis y sandis, chanclas, pantuflas, arrastraderas.

Somos un país que podría llamarse un buen vividero, donde nuestro paseo de fin de semana no es ir de compras al centro comercial sino ir a visitar nuestros abuelos y familiares, es ir a comer un helado en familia, asistir a un parque para ver pasar la gente, llevar una olla al río e invitar a todos los que se arrimen a saborear un delicioso sancocho en leña.

Somos 44 millones de habitantes que aprendimos a vivir con lo que la vida nos dio, aprendimos a sobrellevar los infortunios y a sacarle gusto a las cosas insignificante.  Somos colombianos porque nos consideramos privilegiados porque poseemos una gran cantidad de ríos, dos hermosas costas, nevados, llanuras, desiertos y una gran biodiversidad y aunque reconocemos que la industria o el “ser humano” está acabando con ellos, no perdemos la esperanza de que algún día se tome conciencia y aprendamos a vivir como lo hacían nuestros antepasados en comunión con la naturaleza, glorificándola y respetando la madre Tierra, porque al fin de cuenta es ella la que nos provee cuanto necesitamos, es de ella que brotan los ríos y las plantas, se le da albergue a los animales y construimos nuestro techo.   


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